Desde del 28 de mayo israel festeja la festividad de Shavuot. Siendo una festividad de origen bíblico tiene conexiones con el aspecto agrícola y la historia del pueblo judío. En la antigüedad, los primeros frutos eran ofrendados en el Gran Templo ubicado en Jerusalén a modo de agradecimiento a Dios por regir la naturaleza en tales circunstancias que permitiera una fructífera cosecha. Por ello, otro de los nombres de la festividad es fiesta de las primicias.
Los rituales más importantes se desarrollan tanto en la sinagoga a través de la lectura de los Diez Mandamientos, como en la parte gastronómica siendo las comidas principales elaboradas a base de leche.
La explicación para que los alimentos lácteos sean los principales, está relacionada con que otro de los nombres de la fiesta es el de Jag Matán Toratenu o la fiesta de la recepción de los cinco libros de Moisés. Por esta razón, así como la leche es indispensable para un ser humano, los cinco libros de Moisés son indispensables para el crecimiento espiritual del pueblo judío.
Quisiera detenerme en el primer nombre de la fiesta -la fiesta de las primicias- ya que encierra un valor espiritual. En la época antigua, los métodos de siembra y cosecha eran mucho más complicados y seguramente se hacían redoblados esfuerzos.
Imagino que luego de luchar contra climas adversos y suelos a veces poco amistosos, llegaba al final del camino y luego de esperar, se obtenían los resultados con tanto esfuerzo. ¿Qué haría usted? Imagino que cosechar y comer, no solo por el hecho de que está esperando hace tiempo el resultado de la cosecha y probablemente sus graneros ya estén casi vacíos, sino que además usted trabajó, cosechó y por lo tanto le corresponde.
La Biblia nos propone poner en segundo plano nuestros impulsos naturales y hasta cierto punto justificados, para reconocer primero en Dios la fuerza generadora de lo que voy a cosechar. Por supuesto que hemos hecho nosotros también el esfuerzo, pero no somos el centro del mundo. La humildad debe generar en nosotros la capacidad de poner a cada uno en su lugar. Hoy en día la mayoría de nosotros nos levantamos y al abrir el refrigerador tenemos todo al alcance de la mano.
La perspectiva antes de que las cosas lleguen a nuestro hogar se pierde en el camino, como se pierde la capacidad de reconocer de que sin las reglas de la naturaleza, que sin la lluvia oportuna, nuestro esfuerzo sería nulo.
Por ello, las primeras ofrendas se entregaban a Dios simbolizando nuestra fe en un mundo manejado bajo sus reglas y presencia. Una ofrenda que reconoce nuestro lugar privilegiado en el orden de la creación pero que sin la presencia divina solo seríamos parte de un engranaje mecánico de la naturaleza.
Por Alejandro Mlynski
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